martes, 8 de diciembre de 2015

Caracas en 100 palabras: Cumbre guerrera

Llegó la adolescencia para Juancho y con ella, muchas preguntas. Cerca de la Cota Mil el clima es perfecto, frente al imponente Guaraira purificador del aire. Una tarde patinetera, al final de la vereda, quiso preguntarle a María de la esquina, por qué Caracas. La vieja sonrió, y con la mirada aguarapada y guerrera de india, le dijo al muchacho que esa palabra era grande, que significaba rechazo a la espada extranjera, sucursal del Edén y paraíso asediado, tierra rica acosada por serpientes. Él la miró con desconcierto y ella soltó: lee la historia y aprende a caminar.

Volver al Home

lunes, 7 de diciembre de 2015

Caracas en 100 palabras: Amor complejo

Caracas_en_100_palabras_Amor_complejo
¿Sí eso te molesta tanto, por qué no la dejas?, preguntó al notar lo alterado que estaba su amigo. Le había contado lo extraña que era. Su cuerpo, era como un fresco jardín, un cielo rozado por las colinas de su tosca feminidad. Cuando llegaba del trabajo era insoportable, sus palabras se tornaban escándalo y hasta su sonrisa dibujaba hostilidad. Su desorden, cínico, la abandonaba solo después del baño, y solo entonces recibía sus labios carnosos, su nobleza guerrera, su calor inagotable. Era mi protectora, mi mujer, mi amante salvaje, una virgen piadosa; así es Caracas, y la amo.

Volver al Home

sábado, 28 de noviembre de 2015

Caracas en 100 palabras: Despertar

Caracas_en_100_palabras_despertar

Cuando despertó, la taza de Nescafé y la bola de Pepsi ya no estaban ahí. La fuente parecía un inagotable manantial de vida y el Abra Solar brillaba y giraba con la brisa de enero. Creyó que era un sueño, que su despertar había sido un falso despertar, pero levantó la mirada y vio el majestuoso Waraira, imponente y verde, con su cruz y su magia vigilante, y volvió a dormirse. Abre los ojos otra vez y ve el casco histórico lleno de teatros, librerías y bares. Las campanas doblaron y se dijo: me voy a la calle.

Volver al Home

jueves, 26 de noviembre de 2015

Caracas en 100 palabras: Rafa del Valle

Caracas_en_100_palabras_Rafa_del_Valle

Rafa del Valle había sido galán y también malandro. Prefirió siempre el puñal a la pistola, tocaba boleros con su guitarra y decía que Caracas era una ciudad con doble personalidad. Cada viernes se iba descalzo hasta Chacaito, fumando su tabaco, entre flores de indolencia y esperando la noche. Allí encontraba una Paz sin sentido, sentado en un banco. Yuruani ya está grande, y siempre recuerda cuando su papa llegaba borracho, golpeado en nuevo combate. Le gustaba resistir, perdurar. Yuruani viene con sus amigas por el ancho bulevar, y lo recuerda con amor.

Volver al Home


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Caracas en 100 palabras: Ciudad de fuegos raudos

Caracas_en_100_palabras_Ciudad_de_fuegos_raudos

Mientras ella lo hacía yo miraba fijamente por la ventana. Las luces de los motorizados, raudas, podían develar mi silueta a todo transeúnte curioso o cualquier agente de la moral pública. La noche había llegado, endureciendo el anonimato del vehículo, uno en un millón en esta ciudad pistón. Se había esmerado, es verdad; me costaba entender a esa india con nalgas de negra. En los chocolates o en los yogures, más tarde, su sonrisa se hizo delicada, toda elegancia. Eran los nuevos aires del centro, nueva pubertad y un señor emblemático bailando la salsa.

Volver al Home

viernes, 13 de noviembre de 2015

Roberto Malaver: El rezo de John Kelly

Roberto_Malaver_El_rezo_de_John_Kelly
Cinthya Machado Zuloaga tiene declaraciones de prensa y en vivo de la gente de la oposición. Ahora está haciendo un estudio acerca de las contradicciones: “Pareciera que esta gente nació para contradecirse”. Así dice y muestra las declaraciones de varios de esos líderes que no nombro porque estoy seguro de que nadie los conoce. Y sigue: “Antes decían que el cierre de la frontera era porque el presidente Maduro quería suspender las elecciones. Y así se mantuvieron por un tiempo. Ahora tienen miedo de que haya elecciones porque saben que están derrotados”.

El mesonero llega y dice: “Su majestad, aquí tiene su botellita de Agua Evian”. Luego me ve y dice: “Marginal con suerte, aquí tiene su café negro”. Y se marcha de espaldas para seguir adorando a Cinthya.

Y ella continúa con la palabra: “Pero es del rezo de John Kelly que quiero hablarte. Uno no se explica cómo la Conferencia Episcopal Venezolana, que dio unas declaraciones pidiendo que las elecciones fueran más vigiladas por organismos internacionales, no nombró a John Kelly miembro honorario de esa conferencia, sobre todo porque ese hombre nos dedica 40 segundos diarios de rezos, que parece poco, pero para un hombre como ese que se la pasa al frente del Comando Sur de Estados Unidos, es decir, aquí cerquita, pendiente de nosotros, por si acaso vivimos una crisis humanitaria. Yo, desde aquí, le propongo al cardenal Urosa que le dedique también una oración a ese hombre”.

Después dice: “Parece mentira, pero el rezo que mete más miedo en este momento, es el rezo de John Kelly, porque después de ese rezo puede venir lo que Obama llama un bombardeo humanitario. Sin embargo lo que vino fue una violación del espacio aéreo por parte de un avión de Estados Unidos. Y justo ese día había un simulacro de los chavistas para ver si cumplían con el 1 x 10, y estaban esos chavistas como para agarrarlos mansitos, votando”.

Toma un poco de agua y, como siempre, parece un anuncio comercial cuando levanta la mano. Y sigue comentando: “Ahora mi padre, cuando se va a dormir, se detiene antes de entrar a su cuarto, y viendo hacia el techo de la casa, dice, para que lo escuchemos todos: ‘Ruega por nosotros, Kelly, ruega por nosotros’”.

@RobertoMalaver / ÚN

Volver al Home

sábado, 3 de octubre de 2015

Daniela Saidman: El Chino nos convoca a ser mejores

El_Chino_nos_convoca_a_ser_mejores_Daniela_Saidman
La obra poética de este escritor trujillano da testimonio de la coherencia ideológica y vital de un hombre que supo del compromiso y la entrega con lo más libre y justo que habita a los hombres.

 Aún debe andar preguntándose cómo camina una mujer después de haber hecho el amor. Y con esa interrogante amanecemos de bala, como él, pero también de nubes y de sueños. Víctor Valera Mora, el Chino, nació en Trujillo el 25 de septiembre de 1935. De su infancia se sabe poco. Pero no es difícil imaginarlo contemplando el cielo y volando papagayos, corriendo libre a través del verdor, conmoviéndose con el color y el tacto de las flores, tal vez de allí le vienen el sentir de las gentes y sus llantos, sus risas y esperanzas.

Estudió el bachillerato en San Juan de los Morros, en el estado Guárico, y cuentan que precisamente en esos años empezó a delinear sus versos mientras leía poesía de los llanos venezolanos, escuchaba galerones y conocía poetas allende el mar.

En Caracas estudió sociología en la Universidad Central de Venezuela. Trabajó en la Universidad de Los Andes, en el antiguo Conac y en la biblioteca ambulante de los Ovalles,  conocida como La gran papelería del mundo.

De la poesía que sabe decirnos

Fue miembro del Partido Comunista cuando aún no cumplía veinte años y por rebelde fue encarcelado a finales de 1957, durante las manifestaciones contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Durante esos años el Chino fue un desenfrenado lector. En los años siguientes Venezuela vivió tiempos turbulentos, signados por la violencia ejercida desde el Estado. Levantamientos militares e insurrecciones estudiantiles y políticas, marcadas en la memoria por el Carupanazo y el Porteñazo.

La poesía del Chino siempre llevó en sus alforjas el sabor y el canto del Pueblo, por eso supo hacer nacer los versos que cantando y diciendo nos encuentran.

Acompañado de los escritores Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, Valera Mora fue miembro destacado de la Pandilla de Lautréamont, un grupo que proclamaba la necesidad de la poesía para todos.

En 1961 publicó La canción del soldado justo, un trabajo poético que enarboló las esperanzas y sueños revolucionarios de esa década. Luego, vinieron Amanecí de bala (1971) y Con un pie en el estribo (1972). Precisamente por su segundo libro fue catalogado de subversivo por un general de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM). El Chino no esperó la condena, ni la desaparición forzosa. Partió rumbo a Roma gracias a una beca. En la capital italiana escribió sus 70 poemas estalinistas, el último de sus libros publicado en vida, que le valió un premio en 1980.

El Chino Valera falleció el 30 de abril de 1984. Dicen que fue un mediodía acostado en su cama cuando le falló el corazón. Lo enterraron un 1 de mayo, como celebrando un oficio que con versos supo edificar la vida. Luego de su muerte fue editado el libro Del ridículo arte de componer poesía, donde se recoge su producción poética entre 1979 y 1984.

El Chino en versos

Probablemente no haya un poeta tan coherente entre sus versos y pensares. Vivió con la plenitud de los quijotes, sabiendo cómo se conquista el viento. El Chino fue de la generación de los 60, de esa que encontró al país entre los que se animaron a conquistar el cielo y los que se doblegaron. Él siempre supo estar del lado de la orilla en la que viven los que sueñan el mundo y se juegan la vida y como él, también la palabra.

Todo en su poesía tiene de amor, de tacto, de lucha y entrega. Aunque quisieron silenciarlo sus versos siguen incendiando la calma, son llama viva que ilumina el futuro que aún está por venir.

Earle Herrera, ese otro poeta y periodista, dice en el prólogo de la edición de Obras completas de Víctor Valera Mora, publicado por el Fondo Editorial Fundarte, en tercera edición en 2012, que “no hay artificio, no hay postura, no hay acomodo a una época o a una moda. El lector sabe y siente que lo que escribe el poeta, le sale de adentro, de lo más hondo”. Y esa hondura de la palabra del Chino Valera Mora, esa hechura humana capaz de trascender el papel, esa poética del compromiso que también sabe reír, es la que nos convoca siempre a ser mejores.

Tiempo de perros

VII

Por Víctor Valera Mora

“Os doy mi voz erguida

mi sangre de regreso hacia tu edad primera.

Juventud siempre antigua, recomenzada toda,

agonía, irreductible fusil de barricada.

El tiempo pide corazones enarbolados.

¡Uníos! ¡Uníos, fuertes picapedreros!

Implacable tormenta de puños

y metálicas lunas sea la marcha,

porque esta tierra es un río de rodillas,

hay que levantarlo.

Y yo, os aseguro,

la muerte de los lobos será de madrugada”.

(Del libro Canción del Soldado Justo. 1961)



Nuestro oficio (fragmento)

Por Víctor Valera Mora

“Podemos caer abatidos

por las balas más crueles

y siempre tenemos sucesor:

el niño que estremece las hambres consteladas

agitando feroz su primer verso.

O el otro, el de la disyuntiva,

que no sabe si hacerse flechero de nubes

o escudero del viento.

Jamás la canción tuvo punto final.

Siempre deja una brecha, una rendija,

algo así, como un hilito que sale,

donde el poema venidero pueda

ir halando, ir halando, ir halando,

halando hasta el mañana.

Nosotros los poetas del pueblo,

cantamos por mil años y más...”.

(Del poemario Canción del soldado justo. 1961)

dsaidman@gmail.com

Volver al Home